Anabel R. Escámez
lunes, 28 de diciembre de 2015
Perdón por todo éste tiempo
Prometo pasarme más a menudo por aquí aunque sea sólo a saludar jejejeje
Ésta vez me paso para desear a todos una feliz navidad y próspero año, que paseis muchos momentos bonitos con vuestra familia.
Prometo estar con nuevas historias muy pronto.
Muchos besitos
Anabel R. Escámez
martes, 20 de octubre de 2015
Estoy harta de...
Estoy harta de entrar en Internet, de ver las noticias o leer los periódicos y ver nada más que injusticias, masacres y abusos de poder.
No creo que viva en un planeta de mierda, creo que quien tiene la palabra, habla nada más que porquería. Pero la mayoría decide ignorar los problemas viendo el "sálvame" o "gh". Disculpen pero yo prefiero mirar los problemas de frente. Quiero ser la voz de los que no pueden hablar, para pedir sacrificio cero en todo el país porque un animal no tiene culpa de vivir en la calle, porque no veo bien negarnos a la pena de muerte en humanos y apoyar la pena de muerte en perreras.
Quiero que ninguna mujer en ninguna parte del mundo tenga miedo de salir a la calle. Quiero que exista el respeto tanto para hombres como para mujeres.
Basta de maltrato, de abusos, de humillaciones, de acosos...basta de todo tipo de injusticias.
No hablo de un mundo perfecto, hablo de unir manos y ayudarnos unos a los otros, que somos una raza lista preparada para esto y para más, tan sólo debemos movernos hacía el camino correcto.
Pero mis palabras caerán en saco roto...eso es lo más me entristece todos hablamos y muy pocos actuamos...
domingo, 4 de octubre de 2015
Por Aquellos Momentos -capitulo 2 parte 1-
sábado, 26 de septiembre de 2015
Por aquellos momentos capitulo 1 parte 4
lunes, 21 de septiembre de 2015
Por aquellos momentos capitulo 1 parte 3
jueves, 27 de agosto de 2015
Por aquellos momentos -Capitulo 1 parte 2-
Cuando me fijé en el rostro de mi madre, encontré unos ojos marrones oscuros, casi negros, profundos, los míos se diferenciaban por las pinceladas grises, la forma de mi nariz era más parecida a la de mi padre. Los labios, por el contrario, eran de ella, carnosos y bien perfilados, al igual que el corte de cara y el cabello negro, ese que a ella la encantaba llevar siempre con recogidos o muy repeinado si iba suelto, yo siempre he preferido llevarlo suelto bajo una gorra o con una coleta alta.
Volvió a sacarme de mis pensamientos cuando me cogió de las manos mirándome a los ojos mientras, con una suave voz forzada, me dijo:
- Hija, lo siento ¿Cómo estás?
La devolví la mirada y me sentí más sola que nunca.
-Se ha ido, me ha dejado sola...
Las lágrimas inundaron mis ojos y mi cuerpo comenzó a temblar.
A pesar de tratarse de su madre, su semblante frío y duro no varió en ningún momento.
Necesitaba tanto un abrazo, un hombro donde llorar hasta secar mis ojos, pero no lo obtuve, tan sólo recibí una caricia en la cabeza y una disculpa para irse a atender a las personas que habían asistido.
Lo peor llegó en el momento del entierro, ver como bajaban el ataúd, toda esa tierra cubriéndolo...era la confirmación de que jamás volvería a verla. No aguantaba más, mis piernas, mi cuerpo entero no aguantó más y caí de mi silla de rodillas al suelo, llorando, sumergida en lágrimas y dolor. Mi madre se limitó a levantarme para sentarme de nuevo en mi silla pidiéndome que mantuviera la compostura...mi corazón se rompía más por momentos.
-Evelyn, por favor, compórtate, no me abochornes.
-Déjame en paz, la única que abochorna a alguien, eres tú a mí.
Cuando salimos del cementerio, nos dirigimos a la casa. El trayecto era corto, apenas seis minutos en coche, pero la frialdad en el ambiente lo hacía eterno. El silencio reinaba en el vehículo, no pude evitar pensar que eso era lo que me esperaba a partir de ahora. Angustiosos y eternos silencios, en vez de largas conversaciones, mezcladas con risas y buenos momentos, que era a lo que estaba acostumbrada.
El coche se detuvo en la puerta y desde su interior observé el que siempre había sido mi hogar. Esa hermosa casa de madera blanca, el porche que la rodeaba por completo, donde me encantaba sentarme a escuchar la lluvia caer mientras que me impregnaba cada poro de mi cuerpo con ese inconfundible olor a tierra mojada. Las grandes ventanas en ambas plantas para aprovechar cada rayo de sol en cada rincón. las plantas de alrededor, a las que tanto tiempo y cariño les dedicaba mi abuela todos los días...¿quién las cuidaría ahora?
Bajé muy despacio del coche, como esperando que todo hubiera sido una pesadilla y fuera a despertar en cualquier momento. Pero a pesar de la lentitud de mis pasos, eso no sucedía. Me empecé a mentalizar que me iba a costar mucho aceptarlo y hacerme a la idea de que todo había cambiado.
Al llegar a la puerta, vi que mi padre sacaba las llaves de la casa de su bolsillo ¿cuando y quién se las había entregado?
Las introdujo en la cerradura con total naturalidad y las giró mientras, que sin mirarme, habló dirigiéndose a mí:
-Evelyn, en cinco minutos en la sala, tenemos que hablar contigo.
Era lo primero que me decía desde que llegó, definitivamente era como uno más de sus muchos clientes.
miércoles, 26 de agosto de 2015
Por aquellos momentos- capitulo 1 parte 1-
No sólo perdí a la persona más importante de mi vida hasta ese momento, si no que con la tragedia, llegaron cambios en día a día que me transformaron por completo, tanto para bien como para mal.
Mis padres se dedicaban al mundo de los negocios, gracias a lo cual, habían logrado un nivel de vida extraordinario, pero su buena vida me pasaba a mí la factura, pagada con ausencias. Por mucho que me esfuerce, no logro recordarlos en un cumpleaños, en navidad, en actuaciones o reuniones del colegio...
Los veía días sueltos al año, sumándolos no alcanzaban un mes.
No quisieron nunca que fuera criada por unos desconocidos, así que vivía con mi abuela. He de reconocer, que gracias a esa decisión, mi infancia fue plena y feliz, dentro de la ausencia cotidiana de mis padres.
Crecí en Minnesota, en una bonita casa blanca de dos plantas, rodeada de la nada, con los alrededores cubiertos de verde césped, altos árboles y un lago en la parte de atrás, el cuál, lo atravesaba un bonito puente de madera. Era capaz de pasar horas sentada, con los pies colgando, rozando el agua, sobre ese puente, mirando el paisaje, imaginando mi futuro, observando cada mínimo movimiento, siendo consciente de cada pequeña brisa de aire.
Amaba tanto esa tranquilidad, el bienestar que esa vida me ofrecía...
Mi mayor consuelo siempre ha sido que disfruté cada día como tanto me gustaba y acompañada de la persona que tanto quería, esa que me enseñó que el dinero no lo es todo, y sobretodo, que no te hace mejor que nadie. Por ese motivo odiaba tanto la obsesión de mis padres por el aparentar ser más de lo que eran. Nunca entendieron que mi abuela, teniendo una fortuna mayor que la suya, no actuase como ellos.
Pero llegó ese día, el día en que se fue, el día en que me quedé sola, el maldito día en el que alguien decidió arrancar hoja a hoja el libro que llevaba escrito hasta ese día haciéndome empezar de cero, pero esta vez sin la persona que me había ayudado a escribir cada palabra, se la llevó...
No sabía por donde empezar a recoger mis sueños rotos, mis esperanzas perdidas. No sabía cómo eliminar esa inseguridad, ese miedo, esa inquietud...ese dolor tan grande que tenía, ese que las lágrimas no conseguían borrar, porque no estabas tú.
Jamás me había planteado el hecho de que ese día tenía que llegar.
Vivíamos solas, así que que fui quien llamó a mis padres para darles la noticia. Mi madre me pidió calma y se encargó de todo, prometiéndome que estarían en Minnesota en menos de ocho horas.
El lugar que se habilitó para el velatorio-funeral, era un salón enorme, con las paredes en gris, asientos en blanco y flores por cada rincón que mirases.
Fui la primera en llegar, tomé asiento en un sillón individual blanco que había al fondo. Poco a poco empezó a llenarse, asistieron muchas personas, incluso más de las que conocía.
Pero mis padres seguían sin llegar.
Fue entonces, en aquel rincón, rodeada de gente pero en completa soledad, cuando asaltó a mi mente una pregunta a la que la respuesta me dio terror, ¿qué sería ahora de mí? Tan sólo tenía 16 años, debía seguir estudiando, mi mayor deseo era seguir siendo una chica "normal" de mi edad. No tenía la mínima curiosidad de saber como era el negocio familiar.
La imagen de mis padres entrando a la sala me sacó de golpe de mis pensamientos.
Allí estaba ella, con un vestido de tul negro con el cuello en forma de v ajustado hasta la cadera y de largo hasta la rodilla, con sus inseparables zapatos de salón negros, esta vez sin maquillaje y su melena negra totalmente recogida atrás. Mi padre apareció a si lado con su inseparable traje gris.