lunes, 28 de diciembre de 2015

Perdón por todo éste tiempo

Bueno, sé que ha pasado demasiado tiempo, pero la verdad es que he estado bastante ocupada. Ya sabéis, trabajo,estudios, familia, casa....

Prometo pasarme más a menudo por aquí aunque sea sólo a saludar jejejeje
Ésta vez me paso para desear a todos una feliz navidad y próspero año, que paseis muchos momentos bonitos con vuestra familia.
Prometo estar con nuevas historias muy pronto.
Muchos besitos
Anabel R. Escámez

martes, 20 de octubre de 2015

Estoy harta de...

Estoy harta de entrar en Internet, de ver las noticias o leer los periódicos y ver nada más que injusticias, masacres y abusos de poder.
No creo que viva en un planeta de mierda, creo que quien tiene la palabra, habla nada más que porquería. Pero la mayoría decide ignorar los problemas viendo el "sálvame" o "gh". Disculpen pero yo prefiero mirar los problemas de frente. Quiero ser la voz de los que no pueden hablar, para pedir sacrificio cero en todo el país porque un animal no tiene culpa de vivir en la calle, porque no veo bien negarnos a la pena de muerte en humanos y apoyar la pena de muerte en perreras.
Quiero que ninguna mujer en ninguna parte del mundo tenga miedo de salir a la calle. Quiero que exista el respeto tanto para hombres como para mujeres.
Basta de maltrato, de abusos, de humillaciones, de acosos...basta de todo tipo de injusticias.
No hablo de un mundo perfecto, hablo de unir manos y ayudarnos unos a los otros, que somos una raza lista preparada para esto y para más, tan sólo debemos movernos hacía el camino correcto.
Pero mis palabras caerán en saco roto...eso es lo más me entristece todos hablamos y muy pocos actuamos...

domingo, 4 de octubre de 2015

Por Aquellos Momentos -capitulo 2 parte 1-

Cuando el avión llegó a Boston, Natalie y yo recogimos nuestro equipaje para dirigirnos a nuestra nueva casa, mientras que, mis padres, cogían otro vuelo que les llevaría hasta su adorada rutina laboral, así que, pasarían meses hasta que volviera a verlos.

Rompían en dos mi vida, y ni siquiera se molestaban en ver las consecuencias.
Lo que más me molestaba era la manera de ver a Natalie, verla como una simple criada, alguien inferior a ellos. Mi abuela me enseñó lo contrario, así que, como ellos no vivirían con nosotras, yo me comportaría como ella me enseñó.
Una vez que llegamos a nuestro nuevo hogar, cada una en su habitación deshizo su equipaje.
Era la primera vez que iba a esa casa, sabía qué hacía unos años la compraron por el cariño que tenían a la ciudad, allí fue donde consiguieron su primer gran contrato, siempre decían que era donde querían jubilarse. La casa la compraron en un bonito barrio residencial, era una vivienda unifamiliar de dos plantas, la fachada me pareció fría, todo ladrillo, acostumbrada a mi casa de madera blanca...
 Cuando bajé a la cocina ya estaba Natalie allí con la mesa puesta, esperándome para comer. La noche anterior hablamos bastante mientras guardábamos las cosas, así que, más o menos, era ya consciente de mi manera de pensar. Estábamos sentadas en la mesa cuando la propuse algo que la hizo sonreír.
-                     - Hagamos esto a mi manera, cuando mis padres no estén en casa, que será la mayor parte del tiempo, seremos compañeras de piso. Yo te obedeceré, evidentemente, porque soy tu responsabilidad, y no vería justo que la confianza que pudiera llegar haber entre nosotras, te ocasionara problemas con mis padres. Pero, por favor, nada de  llamarme señorita, ni Evelyn, que lo odio, y por supuesto, nada de uniformes.
Se quedó mirándome cómo pensando dónde estaría la trampa.
-               - No sé si será buena idea, yo…necesito el dinero.
-              - y yo me aseguraré de que lo recibas todos los meses, las condiciones laborales con mis padres, no van a variar, solo la manera de hacer las cosas en casa, mientras ellos no estén, para que nuestra convivencia, sea más agradable.
-               -Vale, confiaré en ti.
-               -Gracias, no sabes cuánto significa para mí. Por cierto ¿conoces Boston?
-               -Sí, crecí aquí.
-               -  Estupendo, había pensado salir a comprar, que necesito ropa, y cenar por ahí, si no te importa.
-               -  De acuerdo, así de paso, te enseño la ciudad, y tu instituto, que no está lejos de aquí.
-               - Si…conociendo a mis padres, debe parecer más un club de campo que a un instituto.
-               -Lo elegí yo. Tu madre me mandó la información de tu instituto de Minnesota y yo escogí, conociéndote un poco como te conozco, estoy segura de que he acertado.

Me tranquilizó bastante enterarme de eso.
No estaba acostumbrada a estar rodeada de tantos edificios, el ruido me parecía excesivo, tanta aglomeración de gente me agobiaba, me iba a costar mucho acostumbrarme a ello.

Natalie, para ayudarme a tener un sitio donde escapar del ajetreo de la ciudad, me llevó a un lugar que no estaba lejos, era una zona verde, con árboles y sin construcciones. Había bancos y mesas de piedra para hacer picnic. Me pareció un rincón de paz en medio del caos.
Estuvimos toda la tarde de compras, después merendamos fuera y cuando decidimos volver a casa, pasamos por la parte de atrás de mi nuevo instituto, era un pequeño descampado, con árboles y bancos. Había bastante gente, de más o menos, mi edad. Pero me llamó la atención un grupo que se encontraba sentados en el banco más cercano a la cera por donde estábamos pasando. Supongo que me llamó la atención, porque en ese grupo formado por tres chicos y una chica, descubrí al chico más guapo que jamás había visto. Era un poco más alto que yo, cabello rubio no muy corto, piel blanca, labios no muy gruesos, rasgos suaves, aspecto angelical, con vaqueros y camiseta blanca, calzado con una deportivas marrones.

Natalie me sacó del embelesamiento de un codazo.
-                  -Evy, te está mirando, deja de ser tan descarada…
Quité los ojos de encima de mi angelical objetivo y busqué quien era el que quería mantener un duelo de miradas conmigo. No solía arrugarme fácilmente, por norma ganaba estos absurdos pulsitos. Miré alrededor, en busca de los ojos que me miraban, no tardé en encontrarlos, se trataba de uno de los acompañantes de mi angelical desconocido. Cruzamos la mirada, la aguantamos. Este chico era más alto, castaño oscuro, ojos marrón verdoso en los que era fácil perderse, labios carnosos y definidos, atlético…sus vaqueros eran grises, su camiseta turquesa de “Led Zeppelin” y una pulsera ancha de cuero negro en su muñeca derecha. Su amigo parecía un ángel, el daba la impresión de lo contrario, él era de chico duro.
Este pulso lo perdí, era tal la intensidad de su mirada que tuve que optar por esconder mis ojos tras la visera de mi gorra y asumir mi derrota. Jamás me habían mantenido la mira de esa manera.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Por aquellos momentos capitulo 1 parte 4

Ni un solo gesto de complicidad, ternura, compasión, comprensión… ¿qué no les cuestionara? No estaba de acuerdo, no quería eso para mí, ansiaba enfrentarme a él y decirle que no quería ir a ningún sitio, que me quedaría en Minnesota, sí o sí. Que les era más practico… ¿Qué más les daba? Ellos no iban a estar ni en un sitio ni en otro. Pero me fallaban las fuerzas, mi rebeldía estaba dormida, agotada, indispuesta en esos momentos.
En muchas ocasiones me preguntaba si en algún momento de sus vidas habían realmente deseado ser padres, porqué de ser así, era la peor decisión que habían tomado nunca.
Mi madre se levantó a la misma vez que yo.
-          Te acompaño a tu habitación.
Estaba tan aturdida, que no pude más que mirarla y comenzar a andar hacía mi cuarto, ni siquiera pude re usar de su indicación, no tenía fuerzas.
Al llegar a lo alto de las escaleras, me adelantó para llegar antes a la puerta de mi habitación y abrir la puerta.
Fue entonces cuando pude ver a una chica dentro, no llegaba a los treinta años, con el cabello castaño claro, recogido con una coleta, ojos azules enmarcados por unas ojeras que confesaban que llevaba un par de noches sin dormir, y vestía un estúpido uniforme de cuadros verdes y blancos. Estaba empaquetando mis pertenencias. Al oír la puerta de detuvo, adoptando una pose rígida, como si la presencia de mi madre la intimidara. Eso la encantaba, sentir ese poder de superioridad.
-          
           -Evelyn, ella es Natalie, la persona que vivirá contigo en Boston.
Natalie juntó sus manos y me saludó agachando la cabeza. Eso me enfureció.
-                  
                        -Encantada señorita Evelyn.
-                    -Lo mismo digo Natalie – la contesté con una sonrisa, mientras agarraba a mi madre del codo, llevándola a la puerta girándonos- ¿qué es esto? Yo no necesito sirvientes. Entiendo que alguien deba hacerse cargo de mí, pero no de ésta manera. No pienso entrar a formar parte de vuestro absurdo juego del aparentar. Yo no soy así, no soy como vosotros.
-                     - Evelyn Brooks, se educada. Siento recordarte que ya no vives con tu abuela, a partir de hoy, vivirás y harás lo que tu padre y yo estimemos oportuno. Los tres estamos de acuerdo en que sola no puedes vivir, y nuestro trabajo no nos permiten establecernos en un lugar fijo. No consentiré enfados, que te quede claro que me es totalmente indiferente tu opinión al respecto, así que, hazte un favor, ahorra fuerzas, saliva y acuéstate, pues mañana, como ya sabes, salimos pronto hacía el aeropuerto.
-                    -¿Sabes?, algún día, te aseguro, que recordarás estos momentos y te arrepentirás.
-                   - ¿Es una amenaza?
-                    - Tómatelo como un aviso, una premonición.
-                    - Pues guárdatelas.

Giró sobre sus talones y se marchó.
Entré en mi habitación y empecé a ayudar a Natalie a empaquetar lo que quedaba.
-                    -Señorita, no se moleste, ya lo hago yo.
-                    -Natalie, por favor, llámame Evy, entiendo que delante de mis padres no lo hagas, pero vamos a pasar mucho tiempo juntas y prefiero amistad en vez de sirvientes…por favor.
-                    -Como digas…
Metimos todo en cajas y nos fuimos cada una a nuestras respectivas camas.
Cuando el despertador sonó, no había dormido ni dos horas.
Estaba vistiéndome en el momento en el que Natalie tocó con sus nudillos mi puerta pidiendo permiso para entrar, asomó la cabeza hablándome desde allí.
-                    -Tus padres me dijeron que te levantara, están abajo, desayunando ya. ¿Necesitas que te ayude con algo?
-                   -No gracias, de verdad.
-                  -No tardes en bajar, están de mal humor. Tienes el desayuno en la mesa ya.

-                  - Gracias, en seguida bajo.

Cuando bajé, pude comprobar con mis propios ojos que lo que me dijo Natalie, sobre su mal humor, era cierto.
Ya estaban con los móviles y las Tablet sumergidos en su mundo favorito, el mundo del trabajo. Para ellos todo había acabado ya, ya había pasado todo.
No se molestaron en pensar como me sentiría yo. Seamos sinceros, tan solo fui yo la que perdió, perdí a mi abuela, mi casa, mi vida…y nadie se molestó en preguntar cómo estaba.
Esa empezaba a ser mi nueva vida.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Por aquellos momentos capitulo 1 parte 3

Me costó mucho, mentalmente, entrar en casa, siendo consciente de que todo había cambiado.
Atravesé el umbral de la puerta despacio, muy despacio, con miedo. Observé cada rincón, buscándola. Pero todo seguía como lo dejé la última vez.
Cabizbaja subí hasta mi habitación, con el único deseo de echar alas y poder escapar de aquel infierno, escapar donde no hubiera recuerdos dolorosos por los que mis ojos se inundaran de lágrimas y mi alma se doblara de dolor y pena.
Cuando llegué a la sala habían pasado algo más de veinte minutos, lo que me llevó ducharme y cambiarme de ropa. Mis padres estaban sentados uno frente al otro separados por una mesa, mi madre quedaba de frente a la puerta y mi padre de espaldas.
-creo recordar que te dije cinco minutos.
De nuevo me habló sin mirarme siquiera.
-Lo siento, necesitaba una ducha.
Contesté mientras me dirigía a la única silla libre que quedaba, situada entre mis progenitores.
-En la vida, primero se hace lo que se debe y después se satisfacen las necesidades personales.
“vale papá, entonces ya entiendo la cara de palo de mamá”. Menos mal que mi voz no pronunció mis pensamientos…tan sólo me limité a mirarle incrédula.
-Ya he pedido perdón…
-Los problemas no se arreglan disculpándose.
-Mirad, estoy agotada, si no tenéis nada que decirme, aparte de consejos que jamás seguiré, me voy a dormir.
-No te he dado permiso para levantarte, ya te he dicho antes, que teníamos que hablar contigo.
Fue entonces cuando caí en la cuenta de que sólo hablaba mi padre, supe inmediatamente que no iban a ser buenas noticias. En casa funcionaban como en el trabajo, mi padre se encargaba de los asuntos complicados, su papel de “poli malo” lo disfrutaba, siempre he pensado que era por su complejo de inferioridad, y al resolver estos asuntos le daba confianza, seguridad y sensación de poder.
-Evelyn, he de comunicarte que, dado los últimos acontecimientos, hemos tenido que tomar una decisión. El abogado de tu abuela, nos ha dado un plazo de veinticuatro horas para desalojar la vivienda. Tu abuela apuso una fecha para el uso y disfrute de su herencia y hasta que ese día no llegue, nadie puede vivir en la casa, ni tocar su dinero, ni sus pertenencias. Así que te mudarás a nuestra casa en Boston, terminarás allí tus estudios y vivirás con Natalie, nuestra mujer de confianza, ella se ocupará de la casa y de ti. Poner en tu conocimiento que ya tienes plaza en tu nuevo instituto y Natalie está arriba empaquetando tus cosas.
Me quedé en estado de shock, no podía ser cierto lo que estaba escuchando ¿Por qué haría eso mi abuela? ¿Por qué a Boston? Yo quería quedarme en mi instituto, ansiaba enfrentarme al mundo entero.
-¿Boston? ¿Por qué no aquí? Ya tengo instituto, y mi vida está aquí.
-Porque para nosotros es más practico ese aeropuerto, y no cuestiones nuestras decisiones. Será mejor que te acuestes mañana salimos a primera hora.

jueves, 27 de agosto de 2015

Por aquellos momentos -Capitulo 1 parte 2-

Me sorprendió la manera de buscarme, se le veía nerviosismo e impaciencia. Cuando su mirada llegó al rincón donde yo me encontraba, sus pasos empezaron a acercarla hacía mi posición, no apartaba su mirada de mí, iba disculpándose con todo aquel que intentaba pararla. Cuando llegó a mí, se agachó dejando su rostro a la misma altura que el mio. La observé con atención, buscando en ella esos rasgos por lo que me decían que eramos tan parecidas. En personalidad era totalmente opuesta a ambos. Me trataban como si de un cliente de su empresa se tratase, eran fríos, distantes. Mi padre era rubio, alto, ojos azules, mientras que mi madre y yo apenas llegábamos al 1'70.
Cuando me fijé en el rostro de mi madre, encontré unos ojos marrones oscuros, casi negros, profundos, los míos se diferenciaban por las pinceladas grises, la forma de mi nariz era más parecida a la de mi padre. Los labios, por el contrario, eran de ella, carnosos y bien perfilados, al igual que el corte de cara y el cabello negro, ese que a ella la encantaba llevar siempre con recogidos o muy repeinado si iba suelto, yo siempre he preferido llevarlo suelto bajo una gorra o con una coleta alta.
Volvió a sacarme de mis pensamientos cuando me cogió de las manos mirándome a los ojos mientras, con una suave voz forzada, me dijo:
- Hija, lo siento ¿Cómo estás?
La devolví la mirada y me sentí más sola que nunca.
-Se ha ido, me ha dejado sola...
Las lágrimas inundaron mis ojos y mi cuerpo comenzó a temblar.
A pesar de tratarse de su madre, su semblante frío y duro no varió en ningún momento.
Necesitaba tanto un abrazo, un hombro donde llorar hasta secar mis ojos, pero no lo obtuve, tan sólo recibí una caricia en la cabeza y una disculpa para irse a atender a las personas que habían asistido.
Lo peor llegó en el momento del entierro, ver como bajaban el ataúd, toda esa tierra cubriéndolo...era la confirmación de que jamás volvería a verla. No aguantaba más, mis piernas, mi cuerpo entero no aguantó más y caí de mi silla de rodillas al suelo, llorando, sumergida en lágrimas y dolor. Mi madre se limitó a levantarme para sentarme de nuevo en mi silla pidiéndome que mantuviera la compostura...mi corazón se rompía más por momentos.
-Evelyn, por favor, compórtate, no me abochornes.
-Déjame en paz, la única que abochorna a alguien, eres tú a mí.
Cuando salimos del cementerio, nos dirigimos a la casa. El trayecto era corto, apenas seis minutos en coche, pero la frialdad en el ambiente lo hacía eterno. El silencio reinaba en el vehículo, no pude evitar pensar que eso era lo que me esperaba a partir de ahora. Angustiosos y eternos silencios, en vez de largas conversaciones, mezcladas con risas y buenos momentos, que era a lo que estaba acostumbrada.
El coche se detuvo en la puerta y desde su interior observé el que siempre había sido mi hogar. Esa hermosa casa de madera blanca, el porche que la rodeaba por completo, donde me encantaba sentarme a escuchar la lluvia caer mientras que me impregnaba cada poro de mi cuerpo con ese inconfundible olor a tierra mojada. Las grandes ventanas en ambas plantas para aprovechar cada rayo de sol en cada rincón. las plantas de alrededor, a las que tanto tiempo y cariño les dedicaba mi abuela todos los días...¿quién las cuidaría ahora?
Bajé muy despacio del coche, como esperando que todo hubiera sido una pesadilla y fuera a despertar en cualquier momento. Pero a pesar de la lentitud de mis pasos, eso no sucedía. Me empecé a mentalizar que me iba a costar mucho aceptarlo y hacerme a la idea de que todo había cambiado.
Al llegar a la puerta, vi que mi padre sacaba las llaves de la casa de su bolsillo ¿cuando y quién se las había entregado?
Las introdujo en la cerradura con total naturalidad y las giró mientras, que sin mirarme, habló dirigiéndose a mí:
-Evelyn, en cinco minutos en la sala, tenemos que hablar contigo.
Era lo primero que me decía desde que llegó, definitivamente era como uno más de sus muchos clientes.


miércoles, 26 de agosto de 2015

Por aquellos momentos- capitulo 1 parte 1-

Hoy por hoy, si me preguntaran por los momentos más tristes de mi vida, creo que empezaría la lista por el día del funeral de mi abuela. Ese fue el fin de la vida que conocía y el principio de la vida tal como la conozco ahora.
No sólo perdí a la persona más importante de mi vida hasta ese momento, si no que con la tragedia, llegaron cambios en día a día que me transformaron por completo, tanto para bien como para mal.
Mis padres se dedicaban al mundo de los negocios, gracias a lo cual, habían logrado un nivel de vida extraordinario, pero su buena vida me pasaba a mí la factura, pagada con ausencias. Por mucho que me esfuerce, no logro recordarlos en un cumpleaños, en navidad, en actuaciones o reuniones del colegio...
Los veía días sueltos al año, sumándolos no alcanzaban un mes.
No quisieron nunca que fuera criada por unos desconocidos, así que vivía con mi abuela. He de reconocer, que gracias a esa decisión, mi infancia fue plena y feliz, dentro de la ausencia cotidiana de mis padres.
Crecí en Minnesota, en una bonita casa blanca de dos plantas, rodeada de la nada, con los alrededores cubiertos de verde césped, altos árboles y un lago en la parte de atrás, el cuál, lo atravesaba un bonito puente de madera. Era capaz de pasar horas sentada, con los pies colgando, rozando el agua, sobre ese puente, mirando el paisaje, imaginando mi futuro, observando cada mínimo movimiento, siendo consciente de cada pequeña brisa de aire.
Amaba tanto esa tranquilidad, el bienestar que esa vida me ofrecía...
Mi mayor consuelo siempre ha sido que disfruté cada día como tanto me gustaba y acompañada de la persona que tanto quería, esa que me enseñó que el dinero no lo es todo, y sobretodo, que no te hace mejor que nadie. Por ese motivo odiaba tanto la obsesión de mis padres por el aparentar ser más de lo que eran. Nunca entendieron que mi abuela, teniendo una fortuna mayor que la suya, no actuase como ellos.
Pero llegó ese día, el día en que se fue, el día en que me quedé sola, el maldito día en el que alguien decidió arrancar hoja a hoja el libro que llevaba escrito hasta ese día haciéndome empezar de cero, pero esta vez sin la persona que me había ayudado a escribir cada palabra, se la llevó...
No sabía por donde empezar a recoger mis sueños rotos, mis esperanzas perdidas. No sabía cómo eliminar esa inseguridad, ese miedo, esa inquietud...ese dolor tan grande que tenía, ese que las lágrimas no conseguían borrar, porque no estabas tú.
Jamás me había planteado el hecho de que ese día tenía que llegar.
Vivíamos solas, así que que fui quien llamó a mis padres para darles la noticia. Mi madre me pidió calma y se encargó de todo, prometiéndome que estarían en Minnesota en menos de ocho horas.
El lugar que se habilitó para el velatorio-funeral, era un salón enorme, con las paredes en gris, asientos en blanco y flores por cada rincón que mirases.
Fui la primera en llegar, tomé asiento en un sillón individual blanco que había al fondo. Poco a poco empezó a llenarse, asistieron muchas personas, incluso más de las que conocía.
Pero mis padres seguían sin llegar.
Fue entonces, en aquel rincón, rodeada de gente pero en completa soledad, cuando asaltó a mi mente una pregunta a la que la respuesta me dio terror, ¿qué sería ahora de mí? Tan sólo tenía 16 años, debía seguir estudiando, mi mayor deseo era seguir siendo una chica "normal" de mi edad. No tenía la mínima curiosidad de saber como era el negocio familiar.
La imagen de mis padres entrando a la sala me sacó de golpe de mis pensamientos.
Allí estaba ella, con un vestido de tul negro con el cuello en forma de v ajustado hasta la cadera y de largo hasta la rodilla, con sus inseparables zapatos de salón negros, esta vez sin maquillaje y su melena negra totalmente recogida atrás. Mi padre apareció a si lado con su inseparable traje gris.