Ni un solo gesto de complicidad, ternura, compasión,
comprensión… ¿qué no les cuestionara? No estaba de acuerdo, no quería eso para
mí, ansiaba enfrentarme a él y decirle que no quería ir a ningún sitio, que me
quedaría en Minnesota, sí o sí. Que les era más practico… ¿Qué más les daba?
Ellos no iban a estar ni en un sitio ni en otro. Pero me fallaban las fuerzas,
mi rebeldía estaba dormida, agotada, indispuesta en esos momentos.
En muchas ocasiones me preguntaba si en algún momento de sus
vidas habían realmente deseado ser padres, porqué de ser así, era la peor
decisión que habían tomado nunca.
Mi madre se levantó a la misma vez que yo.
-
Te acompaño a tu habitación.
Estaba tan aturdida, que no pude más que mirarla y
comenzar a andar hacía mi cuarto, ni siquiera pude re usar de su indicación, no
tenía fuerzas.
Al llegar a lo alto de las escaleras, me adelantó para
llegar antes a la puerta de mi habitación y abrir la puerta.
Fue entonces cuando pude ver a una chica dentro, no llegaba
a los treinta años, con el cabello castaño claro, recogido con una coleta, ojos
azules enmarcados por unas ojeras que confesaban que llevaba un par de noches
sin dormir, y vestía un estúpido uniforme de cuadros verdes y blancos. Estaba
empaquetando mis pertenencias. Al oír la puerta de detuvo, adoptando una pose rígida,
como si la presencia de mi madre la intimidara. Eso la encantaba, sentir ese
poder de superioridad.
-
-Evelyn, ella es Natalie, la persona que vivirá
contigo en Boston.
Natalie juntó sus manos y me saludó agachando la cabeza. Eso
me enfureció.
-
-Encantada señorita Evelyn.
- -Lo mismo digo Natalie – la contesté con una
sonrisa, mientras agarraba a mi madre del codo, llevándola a la puerta
girándonos- ¿qué es esto? Yo no necesito sirvientes. Entiendo que alguien deba
hacerse cargo de mí, pero no de ésta manera. No pienso entrar a formar parte de
vuestro absurdo juego del aparentar. Yo no soy así, no soy como vosotros.
- - Evelyn Brooks, se educada. Siento recordarte que
ya no vives con tu abuela, a partir de hoy, vivirás y harás lo que tu padre y
yo estimemos oportuno. Los tres estamos de acuerdo en que sola no puedes vivir,
y nuestro trabajo no nos permiten establecernos en un lugar fijo. No consentiré
enfados, que te quede claro que me es totalmente indiferente tu opinión al respecto,
así que, hazte un favor, ahorra fuerzas, saliva y acuéstate, pues mañana, como
ya sabes, salimos pronto hacía el aeropuerto.
- -¿Sabes?, algún día, te aseguro, que recordarás
estos momentos y te arrepentirás.
- - ¿Es una amenaza?
- - Tómatelo como un aviso, una premonición.
- - Pues guárdatelas.
Giró sobre sus talones y se marchó.
Entré en mi habitación y empecé a ayudar a Natalie a
empaquetar lo que quedaba.
- -Señorita, no se moleste, ya lo hago yo.
- -Natalie, por favor, llámame Evy, entiendo que
delante de mis padres no lo hagas, pero vamos a pasar mucho tiempo juntas y
prefiero amistad en vez de sirvientes…por favor.
- -Como digas…
Metimos todo en cajas y nos fuimos cada una a nuestras
respectivas camas.
Cuando el despertador sonó, no había dormido ni dos horas.
Estaba vistiéndome en el momento en el que Natalie tocó con
sus nudillos mi puerta pidiendo permiso para entrar, asomó la cabeza hablándome
desde allí.
- -Tus padres me dijeron que te levantara, están
abajo, desayunando ya. ¿Necesitas que te ayude con algo?
- -No gracias, de verdad.
- -No tardes en bajar, están de mal humor. Tienes
el desayuno en la mesa ya.
- - Gracias, en seguida bajo.
Cuando bajé, pude comprobar con mis propios ojos que lo que
me dijo Natalie, sobre su mal humor, era cierto.
Ya estaban con los móviles y las Tablet sumergidos en su
mundo favorito, el mundo del trabajo. Para ellos todo había acabado ya, ya
había pasado todo.
No se molestaron en pensar como me sentiría yo. Seamos
sinceros, tan solo fui yo la que perdió, perdí a mi abuela, mi casa, mi vida…y nadie
se molestó en preguntar cómo estaba.
Esa empezaba a ser mi nueva vida.
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