domingo, 4 de octubre de 2015

Por Aquellos Momentos -capitulo 2 parte 1-

Cuando el avión llegó a Boston, Natalie y yo recogimos nuestro equipaje para dirigirnos a nuestra nueva casa, mientras que, mis padres, cogían otro vuelo que les llevaría hasta su adorada rutina laboral, así que, pasarían meses hasta que volviera a verlos.

Rompían en dos mi vida, y ni siquiera se molestaban en ver las consecuencias.
Lo que más me molestaba era la manera de ver a Natalie, verla como una simple criada, alguien inferior a ellos. Mi abuela me enseñó lo contrario, así que, como ellos no vivirían con nosotras, yo me comportaría como ella me enseñó.
Una vez que llegamos a nuestro nuevo hogar, cada una en su habitación deshizo su equipaje.
Era la primera vez que iba a esa casa, sabía qué hacía unos años la compraron por el cariño que tenían a la ciudad, allí fue donde consiguieron su primer gran contrato, siempre decían que era donde querían jubilarse. La casa la compraron en un bonito barrio residencial, era una vivienda unifamiliar de dos plantas, la fachada me pareció fría, todo ladrillo, acostumbrada a mi casa de madera blanca...
 Cuando bajé a la cocina ya estaba Natalie allí con la mesa puesta, esperándome para comer. La noche anterior hablamos bastante mientras guardábamos las cosas, así que, más o menos, era ya consciente de mi manera de pensar. Estábamos sentadas en la mesa cuando la propuse algo que la hizo sonreír.
-                     - Hagamos esto a mi manera, cuando mis padres no estén en casa, que será la mayor parte del tiempo, seremos compañeras de piso. Yo te obedeceré, evidentemente, porque soy tu responsabilidad, y no vería justo que la confianza que pudiera llegar haber entre nosotras, te ocasionara problemas con mis padres. Pero, por favor, nada de  llamarme señorita, ni Evelyn, que lo odio, y por supuesto, nada de uniformes.
Se quedó mirándome cómo pensando dónde estaría la trampa.
-               - No sé si será buena idea, yo…necesito el dinero.
-              - y yo me aseguraré de que lo recibas todos los meses, las condiciones laborales con mis padres, no van a variar, solo la manera de hacer las cosas en casa, mientras ellos no estén, para que nuestra convivencia, sea más agradable.
-               -Vale, confiaré en ti.
-               -Gracias, no sabes cuánto significa para mí. Por cierto ¿conoces Boston?
-               -Sí, crecí aquí.
-               -  Estupendo, había pensado salir a comprar, que necesito ropa, y cenar por ahí, si no te importa.
-               -  De acuerdo, así de paso, te enseño la ciudad, y tu instituto, que no está lejos de aquí.
-               - Si…conociendo a mis padres, debe parecer más un club de campo que a un instituto.
-               -Lo elegí yo. Tu madre me mandó la información de tu instituto de Minnesota y yo escogí, conociéndote un poco como te conozco, estoy segura de que he acertado.

Me tranquilizó bastante enterarme de eso.
No estaba acostumbrada a estar rodeada de tantos edificios, el ruido me parecía excesivo, tanta aglomeración de gente me agobiaba, me iba a costar mucho acostumbrarme a ello.

Natalie, para ayudarme a tener un sitio donde escapar del ajetreo de la ciudad, me llevó a un lugar que no estaba lejos, era una zona verde, con árboles y sin construcciones. Había bancos y mesas de piedra para hacer picnic. Me pareció un rincón de paz en medio del caos.
Estuvimos toda la tarde de compras, después merendamos fuera y cuando decidimos volver a casa, pasamos por la parte de atrás de mi nuevo instituto, era un pequeño descampado, con árboles y bancos. Había bastante gente, de más o menos, mi edad. Pero me llamó la atención un grupo que se encontraba sentados en el banco más cercano a la cera por donde estábamos pasando. Supongo que me llamó la atención, porque en ese grupo formado por tres chicos y una chica, descubrí al chico más guapo que jamás había visto. Era un poco más alto que yo, cabello rubio no muy corto, piel blanca, labios no muy gruesos, rasgos suaves, aspecto angelical, con vaqueros y camiseta blanca, calzado con una deportivas marrones.

Natalie me sacó del embelesamiento de un codazo.
-                  -Evy, te está mirando, deja de ser tan descarada…
Quité los ojos de encima de mi angelical objetivo y busqué quien era el que quería mantener un duelo de miradas conmigo. No solía arrugarme fácilmente, por norma ganaba estos absurdos pulsitos. Miré alrededor, en busca de los ojos que me miraban, no tardé en encontrarlos, se trataba de uno de los acompañantes de mi angelical desconocido. Cruzamos la mirada, la aguantamos. Este chico era más alto, castaño oscuro, ojos marrón verdoso en los que era fácil perderse, labios carnosos y definidos, atlético…sus vaqueros eran grises, su camiseta turquesa de “Led Zeppelin” y una pulsera ancha de cuero negro en su muñeca derecha. Su amigo parecía un ángel, el daba la impresión de lo contrario, él era de chico duro.
Este pulso lo perdí, era tal la intensidad de su mirada que tuve que optar por esconder mis ojos tras la visera de mi gorra y asumir mi derrota. Jamás me habían mantenido la mira de esa manera.

1 comentario:

  1. ¿Te he dicho ya que los padres de la criatura me caen como el culo, no? Pues Natalie, todo lo contrario. Me cae mú rebien.
    :)

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