miércoles, 26 de agosto de 2015

Por aquellos momentos- capitulo 1 parte 1-

Hoy por hoy, si me preguntaran por los momentos más tristes de mi vida, creo que empezaría la lista por el día del funeral de mi abuela. Ese fue el fin de la vida que conocía y el principio de la vida tal como la conozco ahora.
No sólo perdí a la persona más importante de mi vida hasta ese momento, si no que con la tragedia, llegaron cambios en día a día que me transformaron por completo, tanto para bien como para mal.
Mis padres se dedicaban al mundo de los negocios, gracias a lo cual, habían logrado un nivel de vida extraordinario, pero su buena vida me pasaba a mí la factura, pagada con ausencias. Por mucho que me esfuerce, no logro recordarlos en un cumpleaños, en navidad, en actuaciones o reuniones del colegio...
Los veía días sueltos al año, sumándolos no alcanzaban un mes.
No quisieron nunca que fuera criada por unos desconocidos, así que vivía con mi abuela. He de reconocer, que gracias a esa decisión, mi infancia fue plena y feliz, dentro de la ausencia cotidiana de mis padres.
Crecí en Minnesota, en una bonita casa blanca de dos plantas, rodeada de la nada, con los alrededores cubiertos de verde césped, altos árboles y un lago en la parte de atrás, el cuál, lo atravesaba un bonito puente de madera. Era capaz de pasar horas sentada, con los pies colgando, rozando el agua, sobre ese puente, mirando el paisaje, imaginando mi futuro, observando cada mínimo movimiento, siendo consciente de cada pequeña brisa de aire.
Amaba tanto esa tranquilidad, el bienestar que esa vida me ofrecía...
Mi mayor consuelo siempre ha sido que disfruté cada día como tanto me gustaba y acompañada de la persona que tanto quería, esa que me enseñó que el dinero no lo es todo, y sobretodo, que no te hace mejor que nadie. Por ese motivo odiaba tanto la obsesión de mis padres por el aparentar ser más de lo que eran. Nunca entendieron que mi abuela, teniendo una fortuna mayor que la suya, no actuase como ellos.
Pero llegó ese día, el día en que se fue, el día en que me quedé sola, el maldito día en el que alguien decidió arrancar hoja a hoja el libro que llevaba escrito hasta ese día haciéndome empezar de cero, pero esta vez sin la persona que me había ayudado a escribir cada palabra, se la llevó...
No sabía por donde empezar a recoger mis sueños rotos, mis esperanzas perdidas. No sabía cómo eliminar esa inseguridad, ese miedo, esa inquietud...ese dolor tan grande que tenía, ese que las lágrimas no conseguían borrar, porque no estabas tú.
Jamás me había planteado el hecho de que ese día tenía que llegar.
Vivíamos solas, así que que fui quien llamó a mis padres para darles la noticia. Mi madre me pidió calma y se encargó de todo, prometiéndome que estarían en Minnesota en menos de ocho horas.
El lugar que se habilitó para el velatorio-funeral, era un salón enorme, con las paredes en gris, asientos en blanco y flores por cada rincón que mirases.
Fui la primera en llegar, tomé asiento en un sillón individual blanco que había al fondo. Poco a poco empezó a llenarse, asistieron muchas personas, incluso más de las que conocía.
Pero mis padres seguían sin llegar.
Fue entonces, en aquel rincón, rodeada de gente pero en completa soledad, cuando asaltó a mi mente una pregunta a la que la respuesta me dio terror, ¿qué sería ahora de mí? Tan sólo tenía 16 años, debía seguir estudiando, mi mayor deseo era seguir siendo una chica "normal" de mi edad. No tenía la mínima curiosidad de saber como era el negocio familiar.
La imagen de mis padres entrando a la sala me sacó de golpe de mis pensamientos.
Allí estaba ella, con un vestido de tul negro con el cuello en forma de v ajustado hasta la cadera y de largo hasta la rodilla, con sus inseparables zapatos de salón negros, esta vez sin maquillaje y su melena negra totalmente recogida atrás. Mi padre apareció a si lado con su inseparable traje gris.

  

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